Saturday, February 25, 2006

Jaime... un personaje de los bares



















>-¿En qué momento te das cuenta de que una canción está lista para ser parte de ese seleccionado que forma un disco?
Hay como un signo que te lo dice. El tema es cuando lo vas a grabar y que esa versión tuya no arruine el brillo de una composición.
Cuando terminás una canción está todo sonando muy lindo en la cabeza, pero que quede así en la realidad, eso es lo difícil. Cuando escribí "Brindis por Pierrot" necesité 22 meses, casi dos años y siempre le estaba faltando algo.
Pero cuando ya estaba bien, sabía que tenía algo fuerte. Me daba cuenta de que estaba escribiendo una canción buena y en el mes número 22 cerré la cortina. La grabé enseguida, me quemaba las manos.

-Era la época en que habías asimilado toda una cultura del mostrador.>

-Es cierto, fue una época de boliches. Justo ayer me recordaba un amigo que por esa época yo tenía una campera negra de cuero que me la tuve que sacar porque se caía a pedazos. Ahí me di cuenta de que el codo del brazo derecho estaba totalmente gastado, casi transparente. Como soy zurdo, el vaso lo levanto con la izquierda y el codo que apoyaba en el mostrador era el de la derecha. Así que imaginate todo lo que anduve.
Fue todo un período a mediados de los ochenta después de haber vivido mi vida de boliche en Europa, donde conocí el mundo de los bares y los cabarets, menos en Uruguay. Así que cuando volví tenía esa deuda, porque cuando me había ido de mi país tenía 25 años y no tomaba ni vino.

- Esas vivencias en los bares te dieron materia prima por muchos años .

-Es verdad. Me atraía, y de vez en cuando me vuelvo a arrimar al mostrador. Es algo que no se pierde, como andar en bicicleta, nunca se olvida. Pero hace tiempo me alejé a nivel cotidiano de aquello.
Sin embargo, en ese momento yo venía escribiendo en los mostradores de Amsterdam o de París. En el fondo se discute de lo mismo en todos lados: la angustia, la soledad, la muerte, el amor y las euforias. Por otro lado, después de estar diez años de Europa, volver a Montevideo fue un reencuentro con la tradición de la murga, el fútbol, el mostrador, la noche y la bohemia. Todo eso me dio muchas canciones y de esa época es "Brindis por Pierrot" que es el himno al mostrador.>

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